Joaquín Ma Córdoba "Un caballero español en Isfahan"

La embajada de Don García de Silvia y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)

Parte 4. La estancia en Goa

3.2. La estancia en Goa. Delicias y dolores en la India portuguesa

Una vez en la capital del imperio luso de la India, cabeza de todos sus presidios en las costas de Arabia, Irán y el Golfo Pérsico -como siglos después lo sería Bombay del de los ingleses-, Don García comenzó el segundo periodo de su largo viaje, limitado en este caso a una desesperante retención en la ciudad. En cualquier caso pudo vivir así las delicias y los dolores de la estancia en la India portuguesa. En el libro segundo de sus recuerdos leemos la descripción del entorno, la ciudad y sus habitantes y costumbres, y en el tercero, tras una contenida referencia a sus problemas con el virrey, la continuación del viaje hasta la costa de Arabia.

Don Jerónimo de Azevedo, virrey de la India
(1612–1617)
India Portuguesa
см. крупно


Pero en el interim habían pasado más de dos años de forzosa residencia, tiempo que el embajador aprovechó para mantener una larga e interesante correspondencia con el rey, y redactar sus primeras notas, que fecharía a punto de partir por fin, en «Goae Orientalis Maritimaeque Indiae Metropolis, Nonis lanuarii, anno 1617».

Goa era un asentamiento privilegiado, un pequeño conjunto en realidad de islas de unos 3.400 Km, la mayor de las cuales era la que llamaban estrictamente Goa, y que se percibe bastante bien en el mapa que el Ms 18217 de la Biblioteca Nacional conserva.

El mapa de Goa (1616) del manuscrito de los Comentarios de don García


El manuscrito describe la topografía de la principal, empezando por su extremo más occidental, el cabo Talangan, donde se alzaba el convento de Nuestra Señora del Cabo. Al sur del mismo se abría el surgidero más seguro para los navios, con la playa y las ruinas de la antigua ciudad ya abandonada: al norte, el gran canal del río Pangin, que llevaba directamente a la ciudad nueva construida por los portugueses, aunque su estuario tenía un gran banco de arena que los pilotos debían conocer bien, y que en invierno cerraba la barra.
A una y otra orilla se levantaban árboles pequeños y frondosos, tras los cuales se alzaban multitud de palmeras. En esa orilla de la isla se veían dispersas casas de portugueses y naturales cristianos, entre los palmerales y cultivos que se sucedían sin interrupción hasta la misma ciudad, tras la que se alzaba la gran fortaleza de Daugin. Luego, hacia el nordeste, este y sureste de cara a islas menores y la tierra firme, corría la obra de un gran baluarte. La vuelta a la isla —en cuyo centro, las rocas de una gran sierra servían como cantera para la construcción- acababa de nuevo en el estuario del surgidero, con la hermosa playa de Guadalupe, a cuya orilla, entre arbolados y palmeras se abrían otras muchas quintas de portugueses y casas de pobladores del país.

Goa (XVI)


Don García atendió también a describir los animales y plantas propias de Goa: entre los primeros, una especie de hienas, algunos lobos, tres tipos de serpientes y una suerte de lagartos muy mansos que «llamanles los portugueses camaleones, aunque no mudan su color, tomándola, como se dize comunmente, de las cosas cercanas á ellos, teniendo siempre estos de la India el suyo propio».

Lagarto de Goa


Maravillábale la frondosidad de los palmerales y árboles cargados de fruta, describiendo el mango, y otras de tamaño «mayores que grandes melones», de cascara verde y rugosa y carne amarillenta. Habla de otras muchas frutas más comunes, como las cidras, limones y naranjas y lo que «llaman los portugueses higos de la India, y sus naturales quelen; son propiamente los plátanos de nuestras Indias Occidentales». Alaba también otros grandes árboles de la isla y los cultivos de legumbres, hortalizas y verduras. Naturalmente, el embajador describe la ciudad principal, que dice ser de buenas casas pero muy desordenada, destacando la fortaleza y palacio de los virreyes, algunos ricos y suntuosos conventos y parroquias con tal calidad y grandeza que «se puede comparar esta ciudad, ansi en grandeza, ornato y suntuosidad de tenplos, como en número de religioso y eclesasticos, con muchas de las mas celebres ciudades de Europa». Señala los barrios y sus características, como el de San Matías, la plaza de Peuloriño y la gran plaza de Leylan, la más frecuentada de todas, entre la catedral y la rua Derecha, sitio de feria y mercado muy animado, o los edificios que le parecieron más notables, como el convento de Santo Domingo y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.

La Basilica de Buen Jesús y la Casa Profesa de la Compañía de JesúsSantuario de las reliquias de San Francisco Javier


La ciudad y la isla formaban un mundo abigarrado, y los portugueses, los mestizos y los naturales de la India daban vida a una sociedad alegre, cuyos hábitos asombran a veces al severo y ya provecto embajador. Pero seguro que para aquellos que habían navegado siete meses de peligros sin cuento, la ligereza de costumbres y la vistosidad de los trajes femeninos, tanto los de las naturales como los usados por las portuguesas allí afincadas, debían antojárseles visión del paraíso recobrado.

La calle Rua Derecha


Así, la convivencia de portugueses, mestizos, cristianos naturales y población de «banianes y brâmanes» ofrecía magnífico espectáculo. Los portugueses y mestizos vivían del comercio, sin hacerse distinción ni rechazo alguno y participando igualmente en la administración, la milicia y las actividades de la mar.

Banian El alfabeto devanagari brâman


Los cristianos naturales vivían en el campo sobre todo, trabajando en la agricultura. Las mujeres del país vestían una prenda que nos sugiere el atractivo shari, y las damas lusas solían llevar ligeras blusas casi transparentes, con generosos escotes que provocaron el asombro del embajador.
Luego, Don García comenta los usos y creencias de los brâmanes, la veneración por las vacas, la lengua del país y su singular escritura, un «alphabeto, que es de figuras muy perfectas, semejantes a las de la lengua armenica», la creencia en la trasmigración de las almas en seres humanos y animales, las penitencias de los yoguis y muchas otras cosas curiosas que el espacio impide incluso resumir.

La estancia en Goa no le fue sin embargo demasiado placentera, urgido en su misión que cada día saboteaba el virrey. En todo caso, en sus recuerdos es discreto en el tono, aunque escribe que cansado de retrasos y engaños «se enbarcó en una naveta de un mercader de Baçain, de menos de dozientas toneladas, sin artilleria ni soldados, con sola la gente de su familia y veinte marineros moros», y se hizo a la mar el 19 de marzo de 1617.

(continuará)